Muertos (muy) vivientes

Quizá me tachen de alarmista desbocado o conspiranoico con ínfulas si les digo que la pandemia zombi siempre ha estado entre nosotros y que, lejos de desaparecer, alcanza hoy su índice más alto de población. Sí, no me pongan esa cara, por favor.

En el cine nos vienen acechando desde los terrores haitanos de “La legión de los hombres sin alma (1932)” o “Yo anduve con un zombi (1943)”, pasando por Romero y su inevitable “La noche de los muertos vivientes (1968)” y secuelas, o sanguinolentos horrores italianos como “Zombi 2” o “Nueva York bajo el terror de los zombis”. Incluso España produjo cine zombi antes de “REC” o “28 semanas después” de la mano del gallego Amando de Ossorio, con “La noche del terror ciego (1972)” y “El ataque de los muertos sin ojos (1973)” donde los restos de unos cabreados templarios escarbaban la tierra para ejecutar su sangrienta venganza.

Si bien antes los zombis nos acechaban desde las trincheras del cine de serie B o las publicaciones pulp y los que los disfrutaban eran considerados poco menos que enfermos del morbo hoy en día se han convertido en una especie de Midas descarnados que convierten en oro prácticamente todo aquello que tocan. Cine, literatura, cómics, series de televisión, mechandising y, cómo no, videojuegos. Hoy podemos disfrutar como nunca de deliciosos libros como las trilogía de David Wellinton o el, curiosamente, también gallego, Manel Loureiro. Alucinamos con la visión mega realista de Max Brooks y su “Guía de supervivencia Zombi” o “Apocalipsis Z”. Nos deleitamos con el original y talentoso Robert Kirkman y su cómic “Los muertos vivientes”, lanzadera de la no menos exitosa serie de televisión “The Walking Dead” que barre audiencias con una segunda temporada en emisión.

¿Y qué decir de nuestros queridos videojuegos? “Ghost’n Goblins”, “Splatterhouse”, “Resident Evil”, “House of the dead”, “Left 4 Dead”, “Dead Rising”, las incursiones de los “Call of Duty” y “Red Dead Redemption”, “Dead Nation”, “Dead Island”… Por más que disparemos a sus asquerosas caras, ellos sigue ahí, levantándose una y otra vez, de pantalla en pantalla, de juego en juego, haciéndonos disfrutar como enanos carniceros.

Y es que es verdad, nos acojonan de lo lindo, pero que no desaparezcan, por favor, porque, de una forma que no podemos explicar muy bien, nos atraen con sus gemidos, obligándonos a mirar, empujándonos a huir o a correr hacia ellos para machacarlos con toda nuestra artillería.

Siempre han estado entre nosotros y todo apunta a que van a quedarse para nuestro deleite. Y si no era para divertirse explíquenme porqué alguien dijo una vez aquello de “Lázaro, levántate y anda”.

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